Las Matemáticas y la Bestia

Lo que que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para hacer los milagros de una sola cosa. Hermes Trimegisto.
Debo reconocer que las Matemáticas siempre fueron para mí uno de los monstruos más temibles que acosaron sin piedad a mi niñez. Sin embargo, analizando en el tiempo este pánico y a la vez una secreta afinidad a aquel mundo iniciático y desconocido, lamento no haberme adentrado en sus fundamentos universales y en sus juegos subliminales. Con una técnica amanuense envidiable copiaba abstracciones incomprensibles y formulas alquímicas inefables en la chuleta de examen, sin preocuparme en intentar desentrañar aquellos jeroglíficos de números y símbolos de otro mundo. Los nombres de personajes como Pitágoras, Arquímedes, Tales o Fibonacci retumbaron en mi mente durante muchos años como los auténticos culpables de mi inapelable fracaso escolar y de mi temblor corporal al tener cerca algunos de sus inexplicables teoremas plasmados en una pizarra. Muy lejos en el tiempo de aquellos miedos pueriles, me adentro con respeto en el templo que en otros tiempos no me atreví a asomarme y contemplo un mundo mágico e intrigante que invita a recorrer sus galerías como un visitante neófito en un museo que comienza a descubrir en la pintura los detalles que antes no supo observar . Algo es algo. Desde luego que sigo siendo un inútil en la resolución de problemas y ecuaciones intrincadas, pero ahora me divierte leer algo de su historia y la traducción de su secretos a una prosa inteligible. La Pirámide de Zoroastro, el número Pi, la Proporción Aúrea, la Ley de la Palanca o los conceptos de deriva de Newton son para mi, más que teoremas, enunciados de obras herméticas inconfesables. Ahora comprendo que el mundo físico no es más que un vestido que cubre el bello cuerpo de los números, el cuerpo que explica la verdad y el origen de todas las cosas. Son muchas las referencias numéricas que encontramos en los textos del pasado que tuvieron alguna relevancia para la Historia y la Civilización, hasta la traducción del nombre de la Bestia, como todos sabemos, tiene su igual en los números. Los números son el andamio de las cosas, que sustentan su estructura y explican su composición y comportamiento futuro. El que conoce el número conoce mundo, por ello Wallis que realizó una edición de las Obras de Arquímedes, publicada en Oxford en 1676, escribía: "Al parecer Arquímedes ocultó adrede las huellas de su investigación, como si hubiera sepultado para la posteridad el secreto de su método de investigación".





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