BLOGINCENDIARIO

06 abril 2007

La geografía inexistente




El mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación.Nietzsche.

Si tuvieramos delante de nuestros ojos un mapa de tiempos remotos y realizaramos una comparación con uno posterior a la normalización científica, descubriríamos con asombro, que los cartógrafos de la época sentían cierto afán por disfrazar la realidad física con la invención de accidentes geográficos inverosímiles. Ríos y montañas inexistentes y de nombres propios de leyendas, tierras y ciudades míticas localizadas con exactitud en tierra incógnita o reinos de oro y esmeralda ocultos en las brumas de algún rincón de Oriente, se mezclaban con la realidad en el pergamino que acompañaba a navegantes, peregrinos y viajeros de la Edad Media. La Ciencia no sentía entonces ningún rubor en compartir los principios de la razón y la experencia con la leyenda y la imaginación. El Reino del Preste Juán, Las Hespérides, La Atlántida o la Ciudad de los Césares pueden localizarse en antiguos mapas al igual que la existencia de extraños seres fantásticos que poblaban la más lejanas tierras y que el viajero, alimentado por esta mezcla de realidad y deseo, juraba haberse encontrado en su camino asegurando así su innegable existencia. Un caso cercano lo tenemos en la Isla de San Borondón. Según cuenta la leyenda, existía hacia el oeste de la Islas Canarias, una isla que se ocultaba tras la niebla a medida que el navegante o marino intentaba acercarse y desembarcar en ella. Una isla fantasma que podía observarse en los días claros desde algunos lugares de la costa y que sin embargo nadie podía situar exactamente entre coordenadas y paralelos. No faltaron hombres de mar que aseguraron arribar a sus tierras y que incluso describieron con exactitud sospechosa sus misteriosos contornos; pero todo esto forma parte del mito que ya hemos comentado. La historia de la isla de San Borondón es parecida a muchas otras similares que llegaron a nosotros desde otras culturas, como la isla ballena de Simbad o el caso de las islas de Tulhe. En cualquier caso, no deja de ser una pena que, el avance de los tiempos y la actitud pragmática de la civilización nos hayan hecho olvidar que es posible la conjunción de la leyenda, lo fantástico y la realidad como fórmula infalible para olvidar el tedio y la tibieza de los tiempos actuales.
Todavía hoy, si nos empeñamos, podemos abrir antes nuestros ojos, una reproducción de uno de estos mapas perdidos en el tiempo y adentrarnos en un mundo que ya sólo queda en nuestra imaginación.

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